Capítulo 1

 

 

SEAN SE dejó caer sobre el tapiz de danza del estudio. Notaba en la espalda el frío de la lisa y negra superficie sintética, y no le importó el olor acre que notó al girar la cabeza para apoyar la mejilla en el suelo. Su pelo, corto y rubio, hacía rato que había perdido los mechones de punta con los que había empezado el día, y eso le obligaba a apartarse de la frente los sudorosos cabellos.

—Levántate. Estiramientos —ordenó Travis, golpeando suavemente con el pie en el tobillo de Sean mientras la pareja de baile de este, Alana, le ignoraba y se dejaba caer junto a Sean—. De acuerdo. Haced el vago. Ya sufriréis calambres. Tenéis suplentes.

Travis movió la cabeza con desaprobación y se dirigió al sistema de sonido, que estaba en una de las esquinas de la sala.

—Nuestros suplentes serán universitarios de tercero en prácticas a los que solo podrás acosar una o dos veces a la semana. Incluso si aparece un prodigio en la audición de hoy, tendrás que incumplir las leyes laborales para que te parezca que ensayan lo suficiente —replicó Alana, aunque levantó los brazos sobre la cabeza y puso los pies en punta, estirando todo el cuerpo horizontalmente antes de sentarse y doblarse por la cintura.

—Seguramente protestarán menos.

—Porque te tendrán miedo —sentenció Sean, siguiendo el ejemplo de Alana. No temía a Travis, pero sabía de sobra que si no empezaba con los estiramientos, él mismo lanzaría maldiciones en las clases y los ensayos del día siguiente.

—Y por eso me gustarán más.

Travis sacó un sobre de su bolsa y lo llevó a donde estaban haciendo estiramientos en el suelo. Alana se apartó para que Travis tuviera espacio, y este extendió unas brillantes fotografías de 20 x 25 en medio del pequeño círculo que formaban.

—¿Vamos a escoger favoritos incluso antes de verlos? —preguntó Sean mientras Alana apartaba las instantáneas de las mujeres a la izquierda y las de los hombres a la derecha.

—Solo estamos sacando ideas. —Travis colocó arriba tres de mujeres y tres de hombres—. Estos seis son los que tienen los mejores currículos. Años de clases, cursos de verano, puestos de primeros bailarines en distintas producciones… No estoy seguro de por qué han ido siquiera a la universidad.

—¿Así que ya los odias? —Sean hizo un gesto de exasperación mirando a Alana, y Travis se encogió de hombros—. Te das cuenta de que habrías rechazado automáticamente a tu mejor amigo si hubieras sido el encargado de nuestra audición en esta compañía, ¿verdad?

—No. Lo único que estoy diciendo es que tendrán muchas oportunidades en muchas compañías. Si los queremos, necesitamos decírselo rápidamente. ¿Por qué crees que recibiste tu llamada al día siguiente, y yo la mía una semana después? —explicó Travis—. No los he descartado. De todas maneras, no puedo. Steph es todavía la directora y sabes que me desautorizaría si lo intentara. Te ofreció una plaza porque sabía que encajabas bien en la compañía. Queremos a gente que podamos formar, no a alguien que se haga con la experiencia y no vuelva. No somos una compañía grande. No podemos simplemente formar bailarines y que no nos importe si lo que han aprendido lo llevan a otro sitio.

Sean asintió con la cabeza mientras echaba un vistazo a los seis currículos. Travis movió seis más a la parte inferior.

—¿Los que tienen menos experiencia? —preguntó Alana, y Travis asintió con la cabeza.

Sean los miró e hizo un gesto con la mano a Alana para que continuara.

—Dilo. Sé que quieres —dijo cuando ella permaneció callada.

—No hace falta. Pero si has bailado conmigo durante dos años y necesitas que diga que todos los blancos están en la parte de arriba, con largas listas de clases y papeles principales, y los negros y morenos están en la parte de abajo, te daré una patada en la cara la próxima vez que hagamos ese levantamiento que tú sabes. —Alana no apartó la vista del currículo que tenía en las manos, cuando añadió—: Sin querer, por supuesto.

—Y sin embargo siempre te metes conmigo sobre eso y no con Travis.

—Porque Travis sabe que es blanco.

—Me he mirado al espejo.

—Y aun así sigues intentando pensar que no importa.

Travis agarró la fotografía que Alana acababa de dejar, y se la pasó a Sean, salvándole de tener que contestar. La joven de la imagen estaba en un primer arabesque en pointe como las otras bailarinas, pero Sean notó que seguramente era unos cuantos centímetros demasiado baja para los estándares de ballet habituales, y tenía las caderas un poco más anchas de lo que sería ideal. Su posición rayaba la perfección, pero cuando miró la parte de atrás de la fotografía no se sorprendió al ver que incluso con la selección de papeles principales en su escuela de danza de Arizona, Guadalupe Torres únicamente tenía un pequeño solo y algunas actuaciones en el cuerpo de baile desde que empezó a estudiar dos años antes en el conservatorio de danza de la Universidad Estatal de Nueva York en Purchase.

—Eres el único que con solo ver una foto escoge un favorito. —Sean movió la cabeza con asombro, pero volvió a colocar la fotografía al frente.

Si alguien podía elegir a un bailarín con solo ver una fotografía, ese era Travis. Estaba preocupado de que Steph le hubiera empezado a pasar el control de la compañía por lástima cuando la cirugía de rodilla a la que tuvo que someterse acabó con su carrera de danza, pero Sean sabía que aquello solo había acelerado el proceso. Travis tenía buen ojo para encontrar talentos que otros podían pasar por alto. Había insistido en que Alana hiciera una audición después de que la viera haciendo de gogó en una discoteca dos años antes, y no se había equivocado en eso.

—Por eso también quiero vuestra opinión.

—¿Aunque escogerás al que quieras después de escucharnos? —dijo Alana, pero su sonrisa delató su confianza en Travis.

Miró el reloj y lo señaló. Alargó la mano hacia Sean para que la ayudara a levantarse, aunque seguía sentado. Él hizo un gesto de exasperación, pero se levantó y le ofreció la mano. Después se acercó a ayudar a Travis a colocar una mesa plegable y unas sillas; así podrían tomar notas. Alana lanzó hacia su bolsa las zapatillas de puntas que se acababa de quitar, y sacó unas de ballet suaves; se las puso para guiar a los estudiantes en la audición.

Sean y Travis se acababan de sentar cuando la recepcionista asomó la cabeza por la puerta. A un gesto de Travis, entró en el estudio con una lista de nombres y números, seguida por un pequeño grupo de bailarines; Alana los colocó en filas según su número. Sean reconoció a Guadalupe enseguida y captó la ligera sonrisa de Travis mientras ella se colocaba delante con un «1» sujeto en la parte frontal de los leotardos. Sean sabía que si antes no hubiera llamado la atención de Travis con su currículo, habría ganado puntos por aparecer lo bastante pronto como para conseguir el primer número.

A medida que Alana hacía que los bailarines realizaran los ejercicios, Sean fue observándolos y tuvo que admitir que Guadalupe destacaba. Travis había ordenado a Alana que empezara con ballet clásico para resaltar su técnica y flexibilidad, pero incluso entonces, buscaban a alguien que de forma natural añadiera su propia personalidad. Cuando pasaron a las combinaciones más modernas, la pasión de Guadalupe se hizo aún más patente. Sean casi se olvidó de fijarse en los hombres que se habían presentado, que era algo de lo que Travis se burlaría si se enteraba.

Bastaron unos cuantos gestos con la cabeza y unas miradas entre los tres para comprobar que Travis había decidido optar por su elección inicial y necesitaba ver cómo los jóvenes que se habían presentado bailaban con ella, así que Alana les enseñó un fragmento de una danza que habían estado ensayando una hora antes. Hizo que se intercambiaran las parejas en las distintas partes mientras los tres intentaban encontrar al bailarín que fuera buena pareja para ella y encajara en la compañía. Era evidente que Alana intentaba emparejar a Guadalupe con los bailarines que pensaba que le gustarían a Travis, pero Sean no dejaba de fijarse en el número ocho. Su técnica clásica era perfecta, pero estaba pasando apuros con las partes más modernas de la pieza. Mientras esperaba en un lado a que le tocara, practicó la misma pose una y otra vez hasta que casi logró que le saliera. Sean se inclinó y escribió «8» en las notas de Travis, que echó una ojeada al bailarín y bajó la mirada para sacar su fotografía.

Pertenecía al grupo de seis que prácticamente habían ignorado antes. Un rápido vistazo mostró que, antes de empezar la universidad, Michael había acudido a algunos de los mismos cursos de verano que Sean tenía en su currículo. Travis le dirigió una mirada extraña, pero hizo una seña a Alana y dio un golpecito en la foto.

Alana miró a Travis y Sean, pero no dijo nada y emparejó a Michael con Guadalupe en la siguiente rotación. Sean se sorprendió cuando intercambiaron sonrisas, y al mirar otra vez sus currículos se dio cuenta de que ambos estudiaban en Purchase. Por supuesto, la mitad de los que estaban en la audición seguramente había oído hablar de la pequeña compañía porque Travis había entrado en ella justo después de graduarse en Purchase.

El joven aún trastabilló en algunos de los movimientos más difíciles, pero Sean observó que incluso Alana hacía gestos de aprobación por la manera en que los dos se movían juntos. Cuando acabaron, Alana probó unas cuantas combinaciones más por si acaso necesitaban recordar otras opciones, pero después de que se despidieran de los bailarines, esperó a que no pudieran oírla y dijo:

—De acuerdo. Llama a la chica primero. Nada de salir corriendo detrás de él para resolverlo y hacer que ella espere una semana. Es más fácil que sea ella la que luego se quede con nosotros, y lo sabes.

 

 

—PARECE UN poco cruel e inusual hacer que su primera clase en la compañía sea con Travis —opinó Alana. Hizo un gesto con la cabeza hacía la esquina de la sala, donde los dos nuevos estaban juntos haciendo estiramientos después de la última combinación y antes de repetirla en dirección contraria—. Y creo que planeó que fuera una clase de danza moderna para poder hacer llorar a Michael.

—Podríamos decirles que las cosas irán a mejor.

Sean se limpió el sudor de la frente mientras Alana se colocaba una horquilla de clip en el pelo. Había empezado con su abundante cabello negro recogido en un moño perfecto, pero en aquellos momentos el sudor estaba haciendo que se le encrespara.

—Pero también tienen que aprender la coreografía de Travis el sábado, así que en realidad solo tienen un descanso el jueves con Steph. —Alana miró hacia donde Travis estaba corrigiendo la postura de un solista—. Hoy está peor. Tú vives con él. Dale algún tipo de tranquilizante antes del ensayo de mañana. Yo te lo conseguiré, y tú se lo puedes poner en el desayuno.

—¿Por qué eres su favorita?

—¿Por qué eres su mejor amigo? Consíguele una novia o algo —susurró Alana, y forzó una sonrisa cuando Travis la miró con furia—. Necesita acostarse con alguien.

—Pues hazlo tú.

—Repugnante. Sería como tener sexo con mi hermano —dijo Alana mientras se preparaban para empezar la combinación por última vez.

Aunque estaba agotado, Sean se entregó en cada movimiento, dejando que el cuerpo le llevara hasta el salto final en el otro extremo de la sala. Se dio media vuelta y se apoyó en la barra fija de la pared al lado de Alana mientras los dos bailarines en prácticas se esforzaban por repetirlo.

Alana alargó la mano para sujetar a Michael del brazo antes de que este se deslizara por la pared al suelo.

—No. Si no estás de pie, seguramente hará que lo repitas. Y ella tendrá que hacerlo contigo. —Alana mostró una sonrisa de satisfacción cuando Michael se enderezó rápidamente—. Michael y Guadalupe, ¿verdad?

—Lupe —le corrigió la joven en un susurro, dirigiendo una nerviosa mirada a Travis.

—De acuerdo. Se lo diré por ti. Le gusta gritar el nombre adecuado cuando piensa que no te estás esforzando —dijo Alana con una sonrisita mientras se sentaba en el suelo para los ejercicios de enfriamiento. Había una razón por la que Sean tenía que ser el agradable en su grupo.

Cuando Travis dio por finalizada la clase, Sean se dejó caer al suelo para los estiramientos. Lupe y Michael solo hicieron lo mismo cuando Alana les hizo señas con la mano para indicar que era seguro hacerlo.

—¿Son todas las clases así? —preguntó Michael.

—Él es el peor… y por eso es una suerte que solo le tengáis dos veces a la semana como nosotros. Sus clases son al final del día porque nadie puede con otra después, y da la casualidad que son dos de las tres que permiten vuestros horarios de clases. Qué suerte. —La sonrisa de Alana se ensanchó ante el gemido de Michael.

—Pero tenemos suerte. Quiero decir, sois los mejores, ¿no? Por eso tenéis la pieza que ha coreografiado. Y podemos aprender de él. Es una persona increíble —declaró Lupe bajando la cabeza con un ligero sonrojo.

—Lupe le vio bailar hace cinco años cuando estaba visitando a su primo. Dijo a sus padres que quería ir a Purchase porque estaba cerca de Nueva York y su primo estaba allí, pero lo hizo porque el gran Travis Campbell estudió en el mismo sitio. Ha estado practicando cada pieza que él hizo desde su primer año para poder conseguir estas prácticas. —Michael esquivó el manotazo de Lupe y se rio.

—¡Oh, Dios, cállate! No sé cómo tú también lo conseguiste. Tendrás suerte si te puede enseñar a bailar sin que parezcas un robot. —Lupe se volvió hacia ellos; el sonrojo se notaba en su piel morena—. Por favor, por favor, no le digáis nada de esto.

Sean estaba considerando admitir que, de todas maneras, seguramente se lo diría a Travis, cuando la puerta del estudio se abrió. Un hombre alto se asomó y miró a su alrededor. Era demasiado fornido para ser un bailarín y, por otra parte, si hubiera estado en la compañía, Sean ya le conocería. La camiseta blanca sin mangas que llevaba contrastaba con la piel morena y se amoldaba al torso musculado dejando poco a la imaginación. Sus miradas se cruzaron durante un momento. El recién llegado sonrió ante el claro interés que había despertado y movió ligeramente la cabeza para hacerle saber que no le importaba, antes de recorrer a su vez con la mirada la figura de Sean.

—Vaya. Por lo menos estás tan sudado que el exceso de baba es menos obvio. —La voz de Alana sacó a Sean de sus pensamientos e hizo que Lupe y Michael se giraran.

Lupe se puso de pie de un salto y se dirigió hacia el hombre, cuyo rostro mostraba indiferencia cuando Sean volvió a mirarle.

—Y ese es su primo Jaime —explicó Michael—. Muy agradable a la vista. Muy hetero y prácticamente casado con su novia. Llevo dos años de luto, pero estáis invitados a uniros al club.

Lupe dejó a Jaime en la puerta y volvió para ayudar a Michael a ponerse de pie.

—Lo siento. Mi estúpido primo insiste en llevarnos en coche porque cree que no puedo venir sola a la ciudad. Y es impaciente. ¡Ni que no pudiera permanecer ocupado en Nueva York hasta que le llame! —dijo mientras Michael y ella recogían sus cosas y se ponían algo encima.

—Como si quisieras sentarte en un tren después de semejante clase —murmuró Michael, mirando con cautela a Travis al salir.

Sean esperó hasta que se hubieran ido antes de volverse hacia Alana.

—Ese hombre no es hetero. Es imposible que lo sea.

—Oh, no. Esto no está pasando. —Alana se estiró y sacó el teléfono del bolso para enviar un mensaje.

—Para. No está pasando nada. —Sean intentó quitarle el teléfono, pero no valía la pena levantarse por ello, y ella estiró sus largos brazos poniéndolo fuera de su alcance.

En menos de un minuto, Travis volvió a la sala y se unió a ellos en el suelo.

—Me envías mensajes de lo más dramáticos —dijo a Alana—. Un día tendrás una emergencia de verdad y me reiré de ti sin querer.

—Sé que te cuesta pasar inmediatamente del modo tirano al de mejor amigo, pero Sean acaba de decidir enamorarse del primo hetero de Lupe.

—No es hetero. Es imposible.

En lugar de hablar, Alana optó por hacer gestos con las manos y señalarle.

—De acuerdo. —Travis miró a uno y a otro—. ¿Y por qué piensa Alana que lo es?

—Porque Michael nos acaba de decir que está prácticamente casado con su novia de siempre —explicó ella antes de que Sean pudiera decir nada.

—Y yo estoy de acuerdo con Alana. —Travis suspiró y se rascó la cabeza; el pelo, castaño y corto, aún estaba mojado de la ducha que se había dado mientras los demás se quedaban hablando—. Si tienes razón y es gay, parece que está en el armario. Es mejor que no te veas implicado.

—A lo mejor Michael está equivocado. —Sean se mordió el labio y evitó mirarles a los ojos cuando lo dijo; sabía que no se había inventado aquella mirada. Jaime no había parecido confuso ni molesto. Había sonreído abiertamente con satisfacción y dejado claro que estaba mirando con interés a Sean.

—¡Oh, Dios mío! Ni siquiera habló con él. Espero que estés preparado para tenerlo deprimido y suspirando por todo el apartamento.