REVIVIENDO EL PASADO

 

 

LA PEQUEСA habitaciуn, situada en la parte trasera de la diminuta casa, contaba con ventanales en todas las paredes. Durante el invierno, colocaban aislamiento de fibra de vidrio en las ventanas y clavaban las cortinas a la pared para mantenerlas inmуviles debido al frнo extremo; sin embargo, en verano los rayos del sol rebotaban sobre el mar iluminando la habitaciуn de un color dorado. Algunas veces, cubrнan las ventanas con cortinas, independientemente de la йpoca del aсo, porque їquiйn querнa levantarse a las cinco de la madrugada todos los dнas? Aunque la mayorнa de los dнas, permitнan que la pequeсa habitaciуn, con piso de madera y una alfombra de color vivo, se llenara de luz rosa-dorada-pъrpura-plateada-naranja solo para que al despertarse, pudieran verla.

Talker, por lo menos hasta donde era capaz de recordar, jamбs habнa conseguido tener la mente en absoluto silencio hasta compartir aquellos momentos en los que estaba acostado al lado de Brian mientras ese precioso y cбlido arcoнris de luz se filtraba en su dormitorio. Su forma de hablar, que lo caracterizaba y le habнa dado el apodo, era veloz como el trueno, y las palabras salнan de su boca tan rбpido como una melodнa staccato o sincopada, rebotando en las paredes con бngulos locos.

Sin embargo, el destino (Brian) los habнa llevado a ese lugar en donde por fin habнa encontrado la paz. Transportaron todo lo que tenнan en el viejo coche de Brian y habнan prestado a unos amigos una camioneta de los aсos ochenta y acompaсados de amigos, condujeron noventa millas desde Sacramento hacia el mar.

Despuйs de amueblar la habitaciуn, cuando se despertaron despuйs de quedarse una noche en ella fueron recibidos por una increнble… paz.

Cuando Brian regresу del hospital tres aсos atrбs, Talker habнa encontrado la paz que pensу que era muy distante y que jamбs tendrнa.

 

 

LAS PESAS que compraron para que Brian usara en su fisioterapia eran de segunda mano. Habнan pertenecido a una abuela con doce nietos y la tнa de Brian, Lyndie, las habнa comprado en una venta de jardнn. Las pesas principales estaban cubiertas con vinilo color pastel y a Brian se le hacнa difнcil sostenerlas adecuadamente mientras ejercitaba su hombro derecho destrozado.

—ЎAy! ЎMierda! ЎMierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda!

Talker hizo un gesto de dolor. Habнa estado trabajando en la sala cuando escuchу que las pesas cayeron al suelo y se preparу para lo que vendrнa. Brian necesitaba ayuda, de eso no habнa duda. Le urgнa que alguien le apoyara sosteniendo las pesas, que le ayudara a agarrarlas y que mantuviera sus dedos cerrados mientras las levantaba. No obstante, su novio jamбs le habнa pedido ayuda. No lo hizo cuando su hombro estaba a punto de daсarse, tampoco cuando tuvo problemas con sus cursos, simplemente se las apaсу, siguiу adelante y encontrу una forma de trabajar con lo que tenнa en vez de lo que necesitaba.

La mayor parte del tiempo, Talker lo admiraba por eso.

En dнas como ese, lo ъnico que querнa era darle un golpe a su amante en la parte trasera de su cabezota.

Escuchу otro golpe y Tate ya no pudo soportarlo mбs. Se puso de pie y bajу el volumen de la mъsica de su portбtil, despuйs caminу lentamente hacia el dormitorio de la segunda planta de su apartamento de porquerнa. Brian estaba sujetando la pesa rosada (la segunda mбs pequeсa) con tanta concentraciуn que el sudor rodaba por su rostro a pesar de que eran los inicios de la primavera, y vivнan en un apartamento en el que nunca hacнa suficiente calor. Estaba levantando esa cosa con mucha diligencia, luego la apoyaba en las caderas y despuйs detrбs de йl para empezar de nuevo, contando las repeticiones mientras mantenнa su cuerpo echado hacia delante y descansaba el otro codo sobre la rodilla.

Le dolнa. No habнa absolutamente ninguna duda al respecto. Sus ojos azules, del tono del cielo de Kansas, estaban entrecerrados, apretaba los dientes y las lбgrimas brotaban de sus ojos. El sudor empapaba su cabellera rubia y las reciйn curadas cicatrices sobre la sien, los ojos y las mejillas se estiraban debido a su gesto de dolor. A pesar de lo que sufrнa, estaba completamente en silencio debido a su concentraciуn. Brian no querнa que Tate lo viera hacer eso; tenнa ese tipo de orgullo.

Talker tragу fuertemente y lo observу un rato mбs. Luego se alejу en silencio y pasу mбs de una hora buscando en Google «terapia ocupacional + heridas en el hombro».

Al dнa siguiente, se detuvo en una de esas pequeсas galerнas de arte que se encontraban en la Calle R, de esas que tenнan alfarerнa en los mostradores y un horno en la parte trasera.

Cuando volviу a casa, sacу el pequeсo paquete envuelto en plбstico que habнa comprado por ocho dуlares, dinero que habнa obtenido de las propinas y trabajos extras, y lo colocу frente a Brian mientras limpiaba la cocina con una mano y con las costillas reciйn curadas.

Brian lo mirу inclinando la cabeza y Tate descubriу que por primera vez en su relaciуn, se le hacнa difнcil hablar. Comenzу a quitarle el plбstico al paquete y le mostrу la arcilla polimйrica que habнa adquirido.

—Puedes cocinarla en el horno, pero tengo entendido que apesta a mierda —dijo, y luego con una mirada tнmida se quitу el guante que tenнa en la mano entumecida y seсalу con la cabeza el brazo de Brian. Su novio le extendiу el brazo y Tate dijo:—Acйrcate.

Los labios de Brian se curvaron —ъltimamente eso era muy poco comъn—. Cuando se conocieron, Brian se expresaba con la mirada y era silencioso, pero las comisuras de sus labios siempre se curvaban. Desde que habнa recibido aquella paliza que casi lo mata, del mismo tipo que habнa violado a Talker seis meses antes, su sonrisa —incluso la diminuta que decнa que todo estaba bien— ya no aparecнa. Hoy era una excepciуn.

Tate acomodу a Brian frente a la arcilla y se parу justo detrбs de йl, presionando el pecho contra su espalda y sosteniendo el brazo herido con la mano lisiada. Sin decir una palabra, deslizу su mano debajo de la de Brian y la colocу sobre la arcilla.

—No soy estъpido, Talker… —dijo Brian.

—Shhh —susurrу Tate, besando delicadamente el hombro herido de Brian—. Shhh. Solo intйntalo. Se supone que mejorarб tu habilidad motora. No me importa lo que hagas, pero haz algo. Con el tiempo mejorarбs. Ahora te sientes frustrado їverdad? Estбs enfadado porque tu cuerpo no hace lo que tъ quieres que haga y por eso te lastimas a ti mismo; es por eso que no puedes trabajar y… y te duele todavнa mбs cuando te sientes asн, їno?

—No estoy enfadado contigo —dijo Brian con sentimiento, estirando los dedos con mucho esfuerzo. Tate mirу el gesto y lo entendiу: significaba que querнa entrelazar sus dedos con los de Brian (los que habнan cicatrizado y estaban incapacitados por el incendio de su niсez, el mismo que le habнa dejado marcas en el rostro y en el cuerpo) que se veнan perfectos aunque no funcionaran como debнan.

—Eso lo sй. Sin embargo me duele verte asн, їde acuerdo? Solo intйntalo. Intйntalo, y si no funciona, buscaremos otra opciуn. Lyndie puede enseсarte a hacer crochet o Doc puede enseсarte a tejer. Lo que sea. Trata de hacer esto, tъ no eres del tipo que se ejercita por simple vanidad. Ambos lo sabemos. Crees que es una pйrdida de tiempo. Esto serб mбs productivo para ti, mucho mejor.

Sintiу que su novio se relajaba, comenzaba a escuchar y parecнa mбs tranquilo. Las manos de Brian comenzaron a mover la arcilla. Al principio se sentнa frнa al tacto y dura, pero Tate apoyу el hombro de Brian con el suyo y empleу la mнnima fuerza que su mano podнa ejercer y juntos la calentaron, la amasaron, la hicieron suave, cбlida y tan dulce como el corazуn de Brian.

Despuйs de unos minutos, Brian siguiу trabajando y Tate se alejу. Caminу en silencio hacia el baсo para lavarse las manos mientras tarareaba la canciуn “Defying Gravity” de Wicked.