Prólogo
-Señor Parker, ¿está usted listo con las luces?
-Sí, Señor Stevens, estoy listo, cuando usted lo esté. -Llevo listo más de media hora. Giró el foco y apuntó con la luz al frente y al centro, esperando el comienzo del ensayo general.
-¿Danny? ¿Sandy? ¿Podemos empezar? -El profesor de teatro insistía en llamar a todo el mundo por el nombre de su personaje mientras ensayaban, pensaba que ayudaba a la gente a meterse en el papel. Personalmente, desde donde Len había estado sentado los últimos ensayos, en la plataforma de las luces, lo cierto era que tan solo conseguía confundir a los actores, pero ¿quién era Len para decir nada?
-Sí, Señor Stevens -repitió un coro de voces tras las cortinas, y el ensayo comenzó. El trabajo de Len era el de guiar los dos focos. Así que él y su mejor amiga Ruby estaban subidos a las plataformas, mirando y siguiendo las señales de las luces mientras el ensayo proseguía.
Habían sido amigos desde quinto grado, y Len pensaba que Ruby podría estar un poco colada por él, así que hacía lo posible por no animarla. Ella era su mejor amiga, y no quería estropear algo así con nada romántico. Además, si quería ser honesto consigo mismo, ella no era su tipo, realmente, realmente no era su tipo, pero tampoco se permitía pensar mucho en eso.
Ella se inclinó hacia él, tocándole el brazo.
-No entiendo por qué te has ofrecido voluntario para hacer esto. Quiero decir, mola que lo hicieras, pero no parece que sea el tipo de cosa que sueles hacer-. Aquello era verdad, no era algo que Len soliera hacer, pero el profesor de teatro, que casualmente también era su profesor de inglés, había prometido créditos extra a todos los estudiantes que ayudaran en la actuación escolar.
Giró la cabeza hacia Ruby durante un instante.
-Necesito cualquier cosa que me pueda ayudar a aprobar inglés. -Y enseguida devolvió su atención al escenario, porque no quería perder ninguna de las marcas. -Además, -susurró muy bajito mientras colocaba el haz de luz sobre Sandy -está resultando bastante divertido.
Y realmente lo era, pero no podía decirle a Ruby exactamente por qué. Abrió el rayo de luz para englobar a Sandy y a Danny en él y tuvo que contener un suspiro. Jesús, te estás convirtiendo en una chica. Se sacudió el pensamiento de la cabeza y se obligó a estar pendiente de lo que estaba pasando en el escenario.
Cliff Laughton hacía de Danny Zuko, y durante todos los ensayos, Len había estado pensando mucho en él. En la tarde, por la noche, cuando estaba solo en la cama. Cliff Laughton había inspirado muchas de sus fantasías durante las últimas semanas, especialmente unas en las que aparecía con una chaqueta de cuero, una camiseta blanca y aquellos vaqueros apretados que definitivamente eran de una talla menos.
Len salió de su mundo de fantasía justo a tiempo de hacer los cambios para el número “Summer Lovin'”. Rápidamente cambió los filtros y amplió el haz de luz para iluminar todo el escenario, y el número comenzó.
Len estaba fascinado. Los movimientos del baile eran realmente seductores, especialmente para un pequeño pueblo como Scottville, Michigan. Pero todo lo que Len veía era que Cliff movía las caderas, sacudiendo aquel pompis apretado.
-¿Es maravillosa, verdad?
¡Mierda! Ruby se había dado cuenta de que estaba embelesado. Asintió con la cabeza y respiró aliviado. Ella había creído que Len se había embobado por Sheila Gowell, la chica que hacía de Sandy, y aquello le parecía bien.
-Sí que lo es.
Personalmente, pensaba que Sheila era una vaca sobreactuada roba escenas, pero no iba a decirle eso a Ruby. No podía permitirse que alguien tuviera ideas equivocadas sobre él. Sabía que tenía que mantener aquellos sentimientos guardados. Puede que estuvieran en 1979, pero aquello no era Nueva York ni San Francisco, era Scottville, Michigan, y la idea de que alguien supiera que él estaba interesado en los chicos era suficiente para sentir escalofríos por toda su espalda.
-¿Va a estar muy bien, no crees? -Ruby se había acercado aún más, inclinándose en la barandilla mientras la acción continuaba en el escenario.
-Sí, seguro. -Él mantuvo su voz extremadamente baja para que no se oyera. Sonrió a su amiga a través del foco y se concentró en la obra y en sus marcas.
En el intermedio, bajó de la plataforma de luces y fue a donde el profesor de teatro estaba, cerca del escenario.
-¿Quiere algún cambio?
-No, todo se veía bien. -Len sintió la mano del hombre apoyarse en su hombro. -Sigue haciendo un trabajo tan bueno. -Len estaba a punto de darse la vuelta para volver a su plataforma, cuando vio a Cliff en el borde del escenario.
-Señor Stevens, -llamó Cliff, mientras saltaba del escenario perdió el equilibrio y cayó sobre Len, tirándole de espaldas contra el suelo y acabando encima de él. Len casi no podía respirar, y no era porque el golpe le hubiera dejado sin aliento. Podía sentir el calor de Cliff atravesar sus ropas, y cuando abrió los ojos, miraba directamente a los de Cliff. Y para su sorpresa, Cliff le devolvió la mirada y no se giró. Sus ojos eran suaves y cálidos, su aliento olía a Tic-Tacs. Len sintió que su cuerpo reaccionaba y comenzó a retorcerse. Sería la peor de las vergüenzas, demonios, nunca le dejarían olvidarlo si Cliff notaba su erección.
-Cliff… Len… ¿estáis bien? -La actividad a su alrededor rompió las últimas trazas del encantamiento que les había atrapado.
Cliff se levantó.
-Estoy bien, pero he tirado a Len. -Puso su atención en Len, que aún estaba despatarrado en el suelo.- ¿Estás bien? -Extendió su mano, y Len la tomó, poniéndose en pie con cuidado.
-Estoy bien, solo me ha faltado algo de aire. -Y estoy increíblemente aliviado de que aparentemente no te hayas dado cuenta de nada.- La atención de todo el mundo volvió al segundo acto de la obra, y Len escuchó las instrucciones antes de marcharse a la parte de atrás del gimnasio y subirse a la plataforma de luces.
Ruby se puso en pie y fue a su encuentro junto al foco.
-¿Estás bien?
-Sí, bien.
-Bien, chicos, vamos a empezar con el segundo acto. -Las luces del techo se oscurecieron, y Len encendió el foco, intentando concentrarse en el escenario. Su mente, sin embargo, estaba definitivamente en otro sitio. Cliff Laughton. De veras había tenido el cuerpo de Cliff Laughton encima del suyo. Sí, claro, Cliff se había caído, pero eso carecía de importancia para su hiperactiva imaginación y las locas hormonas de su cuerpo. El cuerpo de Len había reaccionado de manera exagerada e inmediata, pero afortunadamente estaba oscuro, y nadie podía verle excepto Ruby, cuya atención estaba en el escenario. Permitió a su mente vaguear durante un minuto pero enseguida el sentimiento de culpabilidad le hizo parar. No debería tener pensamientos así. No debería. No puedo.
-¿Qué has dicho? -Ruby dejó de mirar el escenario para mirarle a él. Len sacudió la cabeza, y ella volvió a centrar su atención en el ensayo.
Mientras el acto avanzaba, Len recordó todas sus marcas tomándose un descanso mientras la escena cambiaba al garaje. Las luces estaban oscurecidas de modo que solo quedaban iluminados Danny y Sandy mientras intentaban besarse en el coche. La mente de Len voló hacia una fantasía en la que se imaginaba a sí mismo en el coche con Cliff, aquellas manos recorriéndole el cuerpo. Mientras observaba la escena, sabía que no se lo quitaría de encima como hacía Sandy, no si supiera que podía salirse con la suya.
Casi pierde su siguiente marca y tuvo que hacer un rápido cambio de filtros y ajustes de luz, pero lo hizo a tiempo. Su casi error hizo que mantuviera la mente firme en el resto del ensayo, que transcurrió con tranquilidad.
Al final del ensayo, Len apagó el foco y dejó que se enfriara antes de ayudar a Ruby a bajar de la plataforma. Todo el mundo se arremolinaba en el escenario hablando animadamente, la excitación en sus voces era claramente audible.
-Len. -Se giró y vio a Cliff caminar a grandes pasos hacia él. Len se detuvo y esperó hasta que se acercó. -Solo quería asegurarme de que no te he hecho daño.
-No, estoy bien -respondió Len, sacudiendo la cabeza.
-Cuando acabe la actuación del sábado, voy a hacer una fiesta de fin de temporada en mi casa. Deberías venir -dijo Cliff sonriendo brillantemente, con una sonrisa abierta.
-Gracias. -Cliff se quedó ahí, y Len se preguntó si tenía que decir algo más. El silencio entre ellos comenzó a ser incómodo. -Lo apuntaré en mi agenda -añadió Len finalmente.
-Bien. -Cliff volvió a dudar. -Bien. -Cliff se metió las manos en los bolsillos. -Yo quería…
Lo que fuera que Cliff iba a decir lo cortó Sheila al acercarse y agarrarle del brazo.
-Aquí estás. Ya estoy lista para salir, y tú me vas a llevar a casa. -Básicamente la chica ignoró a Len y tiró de Cliff hacia donde sus amigos le esperaban. Len vio a Cliff girar la cabeza en su dirección rápidamente una vez mientras se marchaba.
-¿Conoces a Cliff Laughton? -preguntó Ruby a su espalda. -Qué mal que esa puta de Sheila le haya clavado las garras. -Len se giró, sorprendido por las crudas palabras. -Bueno, lo es -continuó Ruby, -y él es demasiado bueno como para decirle que se pierda. Quizá deberías presentarnos. -Len sabía que Ruby estaba colada por Cliff Laughton desde Séptimo curso.
-Solo me ha preguntado si estaba bien, y me ha invitado a la fiesta de cierre de temporada en su casa el sábado. -Se giró para mirar a su amiga, dejando de estar atento al lugar por donde Cliff había desaparecido. - ¿Te gustaría venir conmigo?
Ella le dedicó su sonrisa más brillante y grande, y tomó el brazo de Len.
-Me encantaría. -Y pestañeó deprisa en su dirección hasta que ambos rompieron a reír, y se dirigieron juntos afuera a esperar a que la madre de Len les recogiera.
La madre de Len les dejó a Ruby y a él en la fiesta el sábado, pero no antes de hacer de agente especial de la CIA y avasallarles a preguntas.
-Si hay alcohol, los dos os mantenéis alejados y me llamáis. Volveré inmediatamente a buscaros. -La madre de Len podía ser una mujer imponente, y a ninguno de los dos se le ocurría enfadarla. -Os recogeré a las once.
-Vale, mamá. -Len ayudó a Ruby a salir del coche,-Estaremos bien. -Deliberadamente se detuvo antes de poner los ojos en blanco, le notaría hacerlo. Aquella mujer notaba todo lo que hacía.
La fiesta era en el patio. Habían encendido un fuego, y había mesas con bebida y comida en un lado. La mayoría del casting estaba ya allí, ellos entraron y saludaron. Len los conocía a todos. El Instituto Central Mason County no era tan grande como para que no conocer a todo el mundo.
-Hola, Len. Hola, Ruby. -Cliff los saludó a ambos y les mostró donde estaba todo con Sheila pegada a su lado como si le hubieran echado pegamento.
El musical escolar había sido un gran éxito, con todas las entradas vendidas en todas las actuaciones, y durante las dos semanas de ensayos el casting se había unido bastante.
-¿Vais a ir al baile? -Len se giró y vio a Brenda, una de las Chicas de Rosa, acercándose.
-No, tengo que trabajar. -Len sabía que Ruby se sentiría desilusionada, pero no quería que ella lo dejase pasar. -Pero Ruby va con Brad. -Brenda se rio y se llevó a Ruby, guiándola hacia donde el resto de las chicas estaban hablando. Nunca dejaba de admirarle que todos ellos fueran juntos al mismo instituto todos los días, fueran a las mismas clases, comieran juntos, pero era ponerles en un evento social, y las chicas y los chicos se separaban como la nata de la leche.
Len deambuló hacia donde hablaban los chicos, oyendo la voz de Cliff sobre el resto.
-Me está volviendo loco, cree que soy su novio o algo así. ¿Está loca? Yo no soy Danny, y ella no es Sandy. Está sobreactuando.
-Pues rompe con ella. Dile que no estás interesado, porque ella cree que sí que lo estás. -Cliff iba a decir algo cuando el chico añadió. -He oído que se acuesta con cualquiera.
-¿Estás de broma? -Cliff resopló y se rio. -Pero si es una especie de monja.
Cliff hizo una mueca que Len no pudo ver, y todo el mundo se rio. Las chicas se acercaron, y la fiesta cambió cuando todo el mundo se emparejó. Ruby hablaba con Brad, y Len estaba encantado de que ambos se llevaran bien. Ruby era su amiga, y sabía que nunca podría ser nada más que eso. El pensamiento de que algo más pudiera ocurrir entre ellos le asustaba.
Len se mantuvo cerca de la mesa de la comida, hablando con alguno de los chicos. Se lo estaba pasando muy bien. La noche era fresca, pero no fría, y todo el mundo estaba siendo amable y sociable. A lo largo de la tarde, observó a la ocasional pareja escaparse hacia un pequeño camino para tener una pequeña fiesta privada.
-Len. -Se giró y vio a Cliff acercarse sin Sheila.-¿Tienes un minuto?
-Claro.
Cliff le indicó que fueran detrás del granero, y Len le siguió, preguntándose qué querría Cliff.
-Quería preguntarte algo. -Cliff cambió el peso de un pie a otro, haciendo su nerviosismo aparente. -El otro día… -Se detuvo y después continuó. -Durante el ensayo, cuándo me caí sobre ti…
Len quería que se abriera un agujero enorme en la tierra y que le tragara entero. Cliff lo había notado. Y ahora, ¿cómo se lo explicaba?
-Escucha, Cliff. Fue un accidente… -comenzó a tartamudear y miró a su alrededor, intentando averiguar por dónde podía huir.
-Lo sé. No quería tirarte. Me sentí fatal por haberte hecho daño. El señor Stevens me regañó al día siguiente.
-No, solo me quedé sin aire. -Len liberó el aire que había retenido en sus pulmones. -Y tampoco fue mucho. -Añadió cuando al fin pudo poner su tono normal de voz.
-Me alegro. -Cliff se inclinó, acercando su cara a la de Len. -Pensé que podía haberte dañado algo importante, ya sabes lo que quiero decir.
-¿Qué? -El primer y único impulso de Len fue hacerse el loco.
-Te sentí. -Los ojos de Cliff buscaron los suyos, y Len se sorprendió de lo que no pudo ver. No vio disgusto, no vio condena, y el mundo no se acabó. Len tragó saliva y esperó a ver qué hacía Cliff. Se preparó para lo peor. En lugar de eso, Cliff seguía mirándole, sus ojos fijos los unos en los otros. Len pensó que Cliff se acercaba cada vez más y pensó en que quizá iba a besarle. Los labios de Len se abrieron, y vio que Cliff inclinaba la cabeza con suavidad. Cerró los ojos y sintió un delicado roce de sus labios en los de Cliff. Maldita sea, estoy besando a Cliff Laughton, o Cliff me está besando a mí. En realidad no importa, esto es como un sueño hecho realidad.
-¡Cliff! -La voz de Sheila cortó la noche como con un cuchillo. Ambos se separaron y se pusieron derechos justo cuando ella apareció por la esquina del granero. -Te he estado buscando por todas partes. -En ese momento se dio cuenta de la presencia de Len. -Hola, Len.
¡Maldita sea! ¿Por qué habrá tenido que aparecer? Len quería gritar. Se recompuso rápidamente, limpiando la desilusión de su cara.
-Hola Sheila. -Ella se aferró al brazo de Cliff y comenzó a caminar, llevándoselo, completamente ignorante de lo que casi había ocurrido y ella hubiera podido ver.
-Sheila, tenemos que hablar -dijo Cliff, intentando mantener el control de la conversación.
-Sí, claro que sí. Hay muchas cosas que tenemos que dejar cerradas para después de la graduación. -La chica era impulsiva, había que admitirlo. Sabía lo que quería e iba a por ello, sin dilación.
Len les vio marcharse, y de nuevo vio a Cliff darse la vuelta para mirarle. Y esta vez no había nada en su camino. Lo que vio en el rostro de Cliff le sorprendió, porque parecía que estaba frustrado.
Len intentó volver a calmarse y salió de detrás del granero para volver a la fiesta. Ruby y Brad todavía estaban sentados el uno junto al otro, hablando. Miró su reloj, su madre no iría a por ellos hasta dentro de otra media hora, así que se sentó en silencio junto al fuego, hablando de esto y aquello con algunos de los que conocía.
-¿Te parece bien lo de Ruby y Brad? -Una de las chicas le susurró al oído.
-Ruby y yo solo somos buenos amigos. -Len se giró y sonrió. Oyó a un coche entrar en el camino a la granja y se dio cuenta de que era su madre. Había esperado ver a Cliff una vez más antes de marcharse, pero no estaba en ningún sitio aunque Sheila había vuelto a la fiesta, a todas luces humillada. Len dijo adiós y fue a buscar a Ruby, ambos subieron al coche de su madre.
Ella preguntó sobre la fiesta, y Ruby le contó todo lo que había pasado. Cuando salieron del camino de arena, Len giró la cabeza, intentando ver a Cliff antes de que la granja despareciera en la oscuridad de la noche.
Capítulo 1
Len se despertó despacio, con los brazos de Tim a su alrededor, la calidez compartida de sus cuerpos hacía que el frío del aire acondicionado no les llegara. Le gustaba estar allí mismo, donde estaba, en el ahora. No había presión, nadie esperaba nada, ni escondía nada, solo unas pocas horas que habían robado al mundo para su propia felicidad. Comenzó a levantarse de la cama, pero los brazos de Tim le apretaron un poco.
-¿A qué viene la prisa, Lenny?
-No lo sé. -No sabía qué decir, marcharse parecía la cosa más adecuada. Siempre se comportaban así.
-Yo sí lo sé. -Tim se cambió de lado, mirándole. Len estaba sorprendido, pero no sabía cómo reaccionar. -No quieres que tenga una idea equivocada -finalizó Tim.
-¿Y qué idea es esa? -Len observaba al hombre más mayor, absorbiendo con la mirada las pequeñas arrugas alrededor de sus ojos y la línea de pelo sobre la frente que comenzaba a retroceder. Era una cara atractiva, cálida, gentil, que iba bien con el resto de su cuerpo.
-No quieres que piense que esta vez hay algo más. Nos juntamos cada pocas semanas, vemos una película, cenamos y caemos en la cama. Te gusta, me gusta. Pero cuando se acaba, tienes la necesidad de marcharte. -Tim parecía tan desilusionado que Len se inclinó para besarle hasta que aquella expresión desapareciera de su rostro, pero Tim no se lo permitió. -Sé que no soy el amor de tu vida, tú tienes veintiuno y yo cuarenta. Tienes toda la vida por delante. -Se detuvo, y Len esperó a que continuara. Tim suspiró. -No sé ni lo que intento decir, aparte de que no tienes que salir corriendo. No me voy a enamorar de ti en la próxima media hora.
-No quiero ser injusto contigo. Has sido un buen amigo-intentó explicar Len. Tim había sido un amigo fantástico. Len le había conocido un año atrás mientras echaba un vistazo a la sección de revistas gays de la única tienda de periódicos de todo el país que traía cosas así. Había estado increíblemente cachondo, y había observado cómo un hombre mayor, muy atractivo, había entrado en la tienda y había ido derecho a la misma sección donde Len ojeaba revistas, intentando mantener su turbación bajo control. Tim le había contado tiempo después, que había visto la cara asustada de Len y casi se había reído. Pero en vez de eso, Tim había hablado con él, hablado de veras. Había sido una de las primeras veces en su vida que Len se había dado cuenta de que realmente había hombres como él. Hombres a los que les gustaban otros hombres pero no se vestían como mujeres, ni actuaban como idiotas, ni usaban pintalabios. Hombres que actuaban con normalidad.
Después de hablar durante un rato, Tim le había preguntado si quería que tomaran un café. Len debió de parecerse mucho a un cervatillo asustado por los faros de un coche porque Tim continuó:
-Solo es un café, y podemos hablar.
-Vale. -Len estaba nervioso, pero había seguido al hombre fuera de la tienda de periódicos hasta el final de la calle, hacia un pequeño café donde se sentaron en una mesa en la esquina. Tim se había presentado, y habían charlado. Bueno, Tim había hablado y Len había escuchado. Cuando se terminaron el café Tim le había dado su número de teléfono a Len y le había pedido que le llamara si quería que hablaran otra vez. Len había sostenido la tarjeta con el número mientras observaba a Tim dejar el café.
Le había llamado unos días más tarde, y habían quedado para cenar, las cosas progresaron desde ahí.
Ahora, Len se movió en la cama, escurriendo los brazos bajo el cuello de Tim.
-Eres una de las mejores personas que he conocido jamás.
-No, no lo soy. -Tim sonrió. -Solo soy un hombre viejo que pone a prueba tu energía de vez en cuando. -Len sabía por la sonrisa de Tim que había algo de verdad en lo que había dicho.
Len le dio un pequeño golpe en el costado.
-Sí que lo eres. -Y realmente era una buena persona. Tim le había enseñado mucho, no solo en la cama, sino que le había ayudado a aceptarse a sí mismo. -Has sido un gran amigo.
-Tú también. -Len sintió que Tim le besaba en la frente, y entonces la cama se hundió cuando Tim se levantó. Len le siguió y comenzó a vestirse. Había algo distinto, y mientras Len se ponía los pantalones, se dio cuenta de que Tim le estaba dejando marchar. Len pensó en cómo se sentía sobre ello mientras terminaba de vestirse.
-Te voy a echar de menos. -Len se sentó en el borde de la cama, y se ató los zapatos.
-Y yo también a ti, pero probablemente esto es lo mejor para ambos -dijo Tim. Len terminó de vestirse y se sentó cerca de los pies de la cama, mirando a Tim vestido con su bata. Tim le abrazó con fuerza, y Len sintió que esto era mucho más duro para Tim de lo que estaba dejando ver. Después de un buen rato, sintió los brazos de Tim relajarse. -Te acompañaré a la puerta. -Tim le guió fuera de la habitación y a través del pequeño apartamento. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había cajas en las esquinas.
-¿Te mudas? - eso explicaría unas cuantas cosas.
-Sí. He conseguido trabajo en Chicago, y no he podido rechazarlo, no tal y como está la economía.
-Lo entiendo. -Len abrió la puerta. -Adiós, Tim.
-Adiós, Lenny. Sé feliz. -Len se giró y sonrió mientras la puerta del apartamento se cerró con un suave clic. Lo sería. Más que nada, Tim le había ayudado a aceptar, sin darse cuenta, que era gay. Aún no estaba preparado para compartir aquel conocimiento con el resto del mundo, pero al menos podía admitirlo ante sí mismo, y ya no se odiaba por serlo. Tim le había dicho una vez que no había nada malo en ser gay o ser como fuera que seas. Solo le había advertido que tenía que tener cuidado.
Sin mirar atrás, Len fue a su coche, subió al asiento del conductor, y se marchó a casa. Miró su Timex y suspiró aliviado. No era demasiado tarde, y probablemente no tendría un tercer grado de su madre.
Después de graduarse en el instituto, había conseguido un trabajo en una pequeña fábrica haciendo partes de vagones de tren, pero aquello solo le había durado un año antes de ser despedido por culpa del estancamiento de la economía. Su madre le había instado a que volviera a estudiar, y él había seguido su consejo, yendo a las clases de preparación universitaria para adultos. Había sido una buena decisión. Len había sido un estudiante de instituto mediocre, pero parecía que prosperaba en el ambiente universitario. Sus notas eran buenas, pero además trabajaba a tiempo parcial limpiando establos en una de las granjas de caballos cercanas.
Entrando en el camino de tierra, aparcó junto a la pequeña casa que habían alquilado, y llegó enseguida. Su madre estaba sentada en el pequeño salón, viendo la televisión.
-¿Te lo has pasado bien?
Len tuvo que detenerse antes de que una sonrisa enorme rompiera en su rostro.
-Sí, gracias. -Había tenido tiempo para pensar de camino a casa. Y, aunque por supuesto iba a echar de menos a Tim, estaba feliz porque había encontrado un buen trabajo. Y Tim tenía razón, era el momento de que ambos siguieran adelante antes de que cualquiera de ellos se implicara demasiado. Tim había sido un mentor maravilloso, y Len nunca le olvidaría.
-Hay una carta para ti en la mesa. Parece que te han mandado una invitación de boda.
-¿De quién? -Ella se encogió de hombros y volvió su atención de nuevo a la televisión. Había trabajado duro y estaba cansada, siempre lo había hecho, y él deseaba poder ayudarla más. Pero cada vez que hablaban sobre que él podía aceptar un trabajo a jornada completa, ella le regañaba y le decía que primero tenía que terminar los estudios.
Len se marchó a la cocina y vio el largo y bonito sobre encima de la mesa. Lo levantó, mirándolo bien antes de romper el sello, abriendo el sobre y sacando la invitación.
-Se casa Ruby -dijo en alto a su madre.
-Qué bien. ¿Quién es el afortunado? -Su atención no se desvió de la televisión.
-Cliff Laugthon. -Bueno, maldita sea, eso sí que era una sorpresa. No había visto mucho a Cliff desde que tenían diecisiete, pero su mente enseguida volvió a aquella noche de la fiesta tras el musical escolar y su casi beso, o lo que hubiera podido ser un casi beso. Con el paso del tiempo ya no estaba seguro.
-¿Cuándo es?
-Dentro de tres semanas. -Contestó después de consultar la invitación.
-¿Vas a ir?
Lo pensó durante un instante. No había visto a Ruby hacía algún tiempo, pero sí, sería agradable volver a verla.
-Creo que sí.
La boda fue preciosa, celebrada en una iglesia en el campo a un kilómetro y medio más o menos de la granja familiar de Cliff y que ahora sería el nuevo hogar de Ruby. Había un montón de gente que conocía a Len. Cuando aceptó la invitación, se preguntó si todavía reconocería a alguien. Pero en su mayoría, parecía que no había pasado el tiempo por nadie, y todo el mundo estaba muy interesado en ponerse al día con los viejos amigos. Después del servicio religioso, Len fue en su coche hacia el banquete y encontró su sitio en una de las mesas junto a bastante gente de la que había sido amigo años atrás. Era casi como una pequeña reunión escolar.
Sintió que alguien le daba un golpecito en el costado.
-Así que, Len, ¿te estás viendo con alguien? -Raelyn le sonrió desde la silla junto a la suya.
-Ahora mismo no. -Pensó en Tim. -Lo estuve durante un tiempo.
-¿Te acuerdas de Brenda Grant? -Len asintió e intentó aparentar interés. Había tanta gente que intentaba emparejarle últimamente, que empezaba a estar cansado del tema. -Acaba de romper con Brad y estaba hablando de buscarte. -Gracias a Dios, Brenda no le había llamado.
-Sería agradable volver a saber de ella, -contestó aún así, pensando que debía dar la respuesta menos comprometida.
-Se lo diré. -Raeilyn sonrió ampliamente. Len casi gruñó en alto, pero consiguió mantenerse callado, y la conversación cambió a otros temas y al cotilleo local antes de que les cortaran con el tintineo de copas de cristal para indicar que había llegado el momento de los discursos y los brindis, para después servir la cena, seguida de los habituales juegos de boda.
Len observó mientras Cliff bailaba con su novia, ambos sonriendo felices. Verles juntos, hizo que su mente volviera al pasado, y pensó que había sido un idiota. Tim le había dicho una vez que nunca se enamorara de un heterosexual. Y aunque Len nunca estuvo seguro de qué fue lo que ocurrió aquella tarde, comenzaba a darse cuenta de que todo había sido producto de su imaginación. Cuando aquel primer baile terminó, el salón se llenó de parejas bailando.
Al cabo de un rato, se anunció el baile con la novia y Len se levantó, se puso en la fila y pagó. Vio a Ruby sonreír mientras se acercaba a ella, y comenzaron a bailar.
-Estoy tan contenta de que hayas decidido venir.
-Yo también. He querido verte desde que recibí la invitación. -Se movieron juntos con facilidad, siempre lo habían hecho.
-¿Estás viendo a alguien?
-Lo estaba, pero ahora no. -Era la respuesta sencilla que se le escapaba de la boca cada vez que le preguntaban. Sabía que estaba declarando que la relación que había tenido con Tim había sido fortuita, pero necesitaba algo tras lo que esconderse.
-¿Y cómo era él? -Len había oído claramente sus palabras, y casi se tropezó, pero Ruby solo le sonrió y siguió bailando, apretando la unión de sus manos.
-¿Cómo…? -Obligó a su cuerpo a seguir moviéndose, incluso aunque podía sentir que su estómago se hacía un nudo y que el pollo de la cena intentaba reaparecer.
-¿Cómo lo he sabido? No ha sido una sola cosa. -Ella sonrió ampliamente. -Pero lo sé desde hace algún tiempo. -Su sonrisa se mantenía. -Está bien. No se lo diré a nadie.
-¿Lo sabe Cliff?
-Dios bendito, no. ¿Estás de broma? -Su sonrisa se hizo más brillante. -Tiene la boca más grande que Sheila. -Su sonrisa flaqueó un poquito. -Yo pienso que es genial, y no se lo diré nunca a nadie, pero quiero que sepas que no me importa, que siempre serás mi amigo y que te echado de menos.
Antes de que Len pudiera decir nada más, le dieron un golpecito en el hombro, indicándole que su tiempo se había acabado. Soltó a la novia y estaba a punto de marcharse, pero en vez de eso, se inclinó hacia delante y besó su mejilla con suavidad.
-Eres toda una dama -y entonces se marchó, permitiendo al siguiente hombre que bailara con la novia.
De vuelta hacia su asiento, se obligó a pasar por su lado y decirle hola a Cliff. Para su sorpresa, se acordaba de él.
-Len, me alegro de que hayas podido venir.
-Gracias. Me alegro de que me invitarais. -Miró hacia donde la novia bailaba ahora con un hombre muy mayor. -Es una gran mujer. Sinceramente deseo que seáis muy felices.
-Gracias.
Len no estaba seguro de qué más decir. Seguro que no iba a mencionar el pequeño beso que habían compartido (o que él pensaba que habían compartido) todos esos años atrás. Estrechó la mano del novio y volvió a su mesa. Después de un rato, las luces se oscurecieron de nuevo, y los bailes continuaron. Los novios pasaron por las mesas, hablando con todo el mundo y aceptando los buenos deseos de los invitados. Después de una breve parada en su mesa, los novios continuaron y Len decidió que para él había acabado la noche. Dijo adiós a todo el mundo y después se marchó a casa.
Su madre estaba sentada en el salón, viendo el final de una reposición de Isla Fantasía. Cuando entró, ella se giró y le sonrió.
-¿Ha estado bien la boda?
-Sí, muy bien. La comida era buena, y he bailado con la novia. No tuvimos mucho tiempo para ponernos al día, pero dijo que me llamaría en las próximas semanas para ver si nos podíamos ver. -Se sentó en el sofá, soltándose un poco la corbata, medio viendo el final del programa y medio mirando a su madre.
El capítulo terminó, y ella se levantó y apagó la televisión.
-Voy a echar de menos este programa cuando lo quiten de antena en unos meses. -Era el programa favorito de su madre. Nunca se lo perdía. - ¿En qué piensas?
-Bueno, es como si… -La revelación cándida de Ruby sobre él le hacía sentirse como si estuviera en una montaña rusa. Siempre había querido mucho a su madre, y no le sentaba bien guardarle secretos, especialmente cuando alguien más lo sabía. Pero le preocupaba cómo reaccionaría.
-Está bien, cariño. -Ella se sentó a su lado y le dio un golpecito en la rodilla. -Solo dime qué va mal.
No estaba seguro de la manera correcta de decirlo, así que al final, simplemente lo soltó de golpe.
-Mamá, soy gay. -Se giró para poder ver su reacción, y ella se quedó inmóvil durante un instante.
-¿Eso es todo? Pensé que ibas a decirme algo que no supiera.
-Lo sabías. -Len estaba desconcertado. -Rayos, ¿lo sabe todo el mundo?
-No lo creo, pero, ¿qué entiendes tú por todo el mundo?
-Ruby me dijo que lo sabía mientras bailaba con ella. -Esta no era la reacción que esperaba de su madre, pero estaba agradecido de todos modos. Si era honesto consigo mismo, no estaba seguro tampoco de lo que había esperado.
-No puedo hablar por Ruby, pero puedo decirte que una madre conoce bien a sus hijos. -Bostezó y se levantó del sofá. -Me voy a la cama. -Se inclinó para darle un beso en la frente antes de marcharse a su habitación. -Te veré por la mañana, y hablaremos de esto.
Len se sentó en el sofá, pensando. Había revelado su secreto más profundo y más oscuro a dos personas, que no le habían rechazado. Sabía que no siempre sería así de fácil, pero aquello le daba esperanzas. Levantándose, apagó la luz y también se fue a la cama.