UN PAR de manos lo agarraron con fuerza y lo inmovilizaron. La ropa fue arrancada de su cuerpo, desgarrando cada prenda a tirones. Sus súplicas resonaron por la habitación y luego fueron reemplazados por gritos de agonía mientras su cuerpo era violado. El aroma almizclado del sudor y alcohol alcanzó sus fosas nasales, causándole nauseas mientras permanecía debajo del cuerpo que constantemente embestía el suyo. Su mente comenzó a cerrarse. No sintió ni escuchó nada, simplemente se convirtió en la nada. Unos dedos se enterraron en su piel y lo lastimaron. De repente, un líquido cálido llenó su interior y el cuerpo sobre el suyo colapsó.
Al intentar moverse, un dolor inimaginable abarcó un costado de su rostro y gritó nuevamente mientras la sangre rodaba por su cara inundando su nariz y su boca, ahogando sus gritos. Tosió una y otra vez, tratando de evitar que el líquido rojizo llegara a sus pulmones. -¡Ahora nadie te querrá! ¡Siempre serás mío!
KADEN JAMES se sentó súbitamente respirando de forma acelerada; su cuerpo estaba empapado en sudor y había mojado las sábanas a su alrededor. El terror lo inundó al recordar aquellos momentos que le eran imposibles de olvidar. Sus ojos violetas se movieron alrededor del diminuto apartamento que había alquilado, buscando los demonios escondidos en la oscuridad. Se dejó caer abatido en la cama, luchando por controlar su respiración y ahuyentar el terror. Los sucesos de aquel día nuevamente habían abierto la puerta de sus recuerdos. Ahora ya con diecinueve años, vivía solo y hoy otra vez había sido despedido de su empleo. Su temor a los hombres grandes siempre hacía que fuera despedido porque no podía controlar sus ataques de pánico. Suspirando, Kaden pasó una delgada y temblorosa mano por su rostro. Sabía que no sería capaz de volver a dormir, así que se levantó de la cama y se preparó una taza de café.
Encendió la luz y caminó hacia el fregadero para llenar la cafetera de agua. La prendió y se sentó a esperar, mientras encendía un cigarrillo. El apartamento en el que vivía era todo lo que podía pagar: pequeño y sencillo, de un solo ambiente que consistía en una cocina, un dormitorio y un pequeño baño en el que apenas si cabía. Se pasó la mano por la horrenda cicatriz que comenzaba en su ojo izquierdo y llegaba hasta la comisura de su boca. Nadie quería contratarlo más que para trabajo manual debido a su rostro. A la mayoría de personas se les hacía difícil no quedársele mirando o sentirse asqueadas y por eso evitaban mirarlo a la cara. Mañana regresaría a la agencia de empleo y vería si había alguna oportunidad para él. El gerente ya se estaba cansado, pero no podía evitar el pavor que sentía y que lo hacía querer ocultarse cada vez que miraba a una persona intimidante.
El café terminó de hervir, apagó su cigarrillo y tomó el único pocillo que tenía, lo lavó y llenó con café caliente. Lo olfateó con apreciación y sorbió titubeante, luego hizo un gesto de dolor cuando el líquido quemó su lengua.
Siempre había sido delgado y un tanto femenino. Su cabello negro le llegaba a los hombros y las capas le daban una apariencia mucho más femenina. Atraía a los hombres de una manera inimaginable. Podría parecer pequeño, medía apenas 1.67 metros, pero era fuerte físicamente debido a los muchos trabajos que había realizado en los que se le requería levantar cosas pesadas. A pesar de los músculos que había desarrollado, continuaba escondiéndose al ver hombres dominantes. Era emocionalmente inestable por todas las experiencias que había tenido en su vida y se esforzaba lo más que podía para no permitir que esos pensamientos y recuerdos lo controlaran.
El amanecer comenzó a reflejarse en el cielo, Kaden se dirigió a la ducha y se vistió con uno de los pocos trajes que tenía. Cerró con llave la puerta al salir, bajó por las escaleras y esquivó al ebrio que estaba postrado al final de éstas. El área en la que residía no era considerada muy saludable ni segura, pero era barata y la única que podía pagar. El tráfico ya había comenzado a fluir por las calles de la ciudad de Nueva York mientras caminaba por la multitud de transeúntes hacia la agencia de empleo. Al llegar, le mostró a Terry Reynolds, el gerente, una sonrisa tímida.
-No sé qué voy a hacer contigo chico. -Terry le regañó. No sabía cuál era la historia del muchacho, pero sabía que algo malo le había ocurrido. La mirada aterrada que siempre estaba presente en los ojos del adolescente se lo hacía saber.
-¿Cuántos trabajos has tenido en estas últimas tres semanas? ¿Cinco? Déjame ver si encuentro algo más, -dijo suspirando. Kaden le mostró un gesto agradecido y se dejó caer encima de una de las viejas sillas de vinilo que estaban en frente de la recepción, mientras Terry regresaba a su oficina.
Transcurrieron treinta minutos antes de que Terry regresara. Se le había ocurrido una gran idea, al menos esperaba que Kaden pensara lo mismo.
-Escucha Kaden, ¿te molestaría irte de la ciudad?
-¿Cómo? -preguntó Kaden con voz ronca. Casi no la usaba, pues no tenía amigos y su temor por los extraños lo mantenía en silencio la mayor parte del tiempo.
-Bueno, sé que tienes problemas con los grupos de personas, pero mi primo necesita ayuda para cocinar y asear en su rancho de Montana. ¿Sabes cocinar?
Kaden se le quedó mirando sorprendido. Era un excelente cocinero, o eso creía él. Le encantaba cocinar y lo llevaba haciendo desde que tenía doce años.
-Yo… no sé qué pensarán. Creo que soy buen cocinero, pero… ¿Montana? -La idea le llamaba la atención, era su oportunidad para irse de la ciudad y alejarse de las multitudes de personas.
-Aunque sólo será por tres meses. Después de eso, tendrás que encontrar otra cosa. Verás, tiene muchos trabajadores y el personal del rancho se va a incrementar debido a la temporada alta que se aproxima. Así que necesita a alguien que pueda cocinar en grandes cantidades. ¿Puedo confiarte este trabajo, muchacho? -Terry preguntó suavemente.
Kaden asintió y luego miró sus manos.
-¿Qué pasará con mi apartamento?
-Tendrás que deshacerte de él, pero si tienes problemas cuando transcurran los tres meses, podrás quedarte conmigo hasta que encuentres uno nuevo. -Ofreció Terry con entusiasmo.
-¿Le importará a tu primo el hecho de que sea… gay? -Kaden preguntó suavemente.
-Ya lo llamé. Sabe que eres un hombre y no le molesta mientras sepas cocinar. No es que vayas a dormir con él ni nada.
Kaden levantó la cabeza y sus ojos se abrieron en señal de pánico, pero cuando por fin comprendió las palabras de Terry, asintió.
-Muy bien. Supongo que está bien.
-Bien. Te marcharás mañana. Habrá un billete de avión esperándote en el aeropuerto. -Le dijo Terry.
Se puso de pie súbitamente, temeroso de pensar en lo que se había involucrado y se dirigió a su apartamento a empacar sus escasas pertenecías. Había pocos artículos de índole personal, pues el apartamento estaba parcialmente amueblado cuando lo alquiló. Lo único que tenía que llevarse con él eran unos cuantos artículos de ropa, su cafetera y algunos diarios en los que había escrito canciones. Amaba escribir canciones hermosas y trágicas. Era una forma mediante la cual podía exteriorizar sus miedos y el deseo de ser amado, aunque sabía que eso jamás pasaría debido a las cicatrices emocionales y físicas que llevaba consigo.
Al día siguiente, mientras estaba parado en la fila del mostrador, con una bolsa a su lado sobre el suelo, Kaden sintió miradas curiosas enfocándose en la cicatriz de su rostro y se mordió el labio para evitar gritar a los extraños que lo dejaran en paz. Siempre era lo mismo, sin importar adónde fuera, las personas se quedaban mirando su grotesca cara. La línea avanzó y por fin llegó al frente para reclamar su billete. Mostró su identificación a la recepcionista y momentos más tarde, estaba sentado en la sala de espera deseando que su vuelo fuera llamado. Sacó el libro blanco y negro de composiciones, se veía bastante viejo por el uso constante, y se puso a escribir. Casi había terminado una canción cuando por fin anunciaron su vuelo y la completó de camino a Montana. Se hubiera quedado dormido todo el camino de no ser porque la azafata lo despertó cuando comenzó a llorar dormido. Le mostró una sonrisa y sacudió la cabeza cuando le preguntó si necesitaba algo.
Cuando el avión de Kaden aterrizó, el joven entró en el aeropuerto y comenzó a mirar por todos lados hasta que encontró la cinta transportadora de equipaje. Caminó hacia adelante y buscó su maleta azul. Luego escuchó una voz detrás de él llamarlo por su nombre y se dio la vuelta para toparse con un hombre un poco más bajo que él. -Soy Kaden James -dijo acercándose al hombre, esperando la misma reacción ante su cicatriz, pero para su sorpresa, jamás ocurrió.
En su lugar, el pequeño hombre le sonrió, su bronceado rostro se arrugó y sus ojos azules parecieron sonreírle también.
-Soy Charlie. El capataz de Logan. ¿Sólo has traído eso? -Preguntó, frunciendo el ceño al ver la bolsa en las manos de Kaden.
-Sí, -dijo Kaden sin entrar en explicaciones.
-De acuerdo. Vamos. ¿Algún problema con tu vuelo? -El pequeño hombre lo guió hacia la vieja camioneta que se encontraba frente a las puertas del aeropuerto.
Kaden lanzó la bolsa en la parte trasera del auto y se acomodó en el asiento del pasajero. -Estuvo bien.
-No hablas mucho, ¿eh? Eso es bueno supongo, ya que estarás solo la mayor parte del día. -Respondió Charlie, encendiendo el vehículo.
El camino del aeropuerto al rancho les llevó entre cuarenta y cinco minutos y una hora. Kaden escuchaba hablar al pequeño hombre mientras conducía y respondía con una o dos oraciones de vez en cuando.
-Ah, hemos llegado. -Charlie anunció, estacionando frente al rancho.
Kaden lo miró con curiosidad, preguntándose qué tipo de rancho era. Cercas blancas rodeaban el empolvado camino y pudo ver a varios hombres a la distancia, algunos a caballo y otros a pie. El temor comenzó a apoderarse de él al ver a tantos hombres, pero tosió y logró preguntar.
-¿Caballos y reses?
-Reses. Los caballos que tiene Logan son para trabajar en el rancho. Ah, está justo allá por el corral. -Charlie señaló a un hombre que estaba de espaldas. Era alto y estaba vestido con una camisa de franela, pantalones desteñidos y un sombrero negro. Kaden tragó nerviosamente cuando vio lo grande que parecía a pesar de la distancia.
Lentamente se subió en el vehículo para sacar su bolsa. Hizo un gesto de dolor al escuchar a Charlie gritar.
-¡Logan! ¡Oye, Logan! -Charlie movió su sombrero para llamar la atención del vaquero y entonces éste comenzó a caminar hacia ellos.
Su ansiedad aumentó al ver que el hombre se acercaba. Era por lo menos unos treinta centímetros más alto que Kaden, su corazón latió con más fuerza al percatarse de lo mucho que tenía que inclinar la cabeza para mirarlo. ¿En qué demonios estaba pensando? El hombre emanaba sexualidad y peligro. Tenía hermosos músculos, ojos verdes y el cabello rubio de un tono arenoso, que parecía haber sido cortado con un par de tijeras para niños. Su piel estaba tan bronceada como una bota de cuero, y lucía unas ligeras líneas de expresión alrededor de sus ojos y en el anverso de sus manos. Tenía largas piernas que parecían capaces de avanzar grandes distancias en cuestión de segundos.
-Eres muy pequeño, ¿no? -Logan dijo al acercarse. Extendió una mano en saludo. -Logan Michaels-. Frunció el ceño al ver la mirada atemorizada y la reacción del chico. Fijó su atención en la cicatriz de su rostro y fue incapaz de imaginarse qué podría haber dejado tal marca en la pálida y suave piel.
Kaden colocó su mano en la de Logan lenta y reaciamente. Pareció como si la mano del otro hombre se tragara la suya. La alejó inmediatamente.
-Ka-Kaden James.
-Vamos, te mostraré la casa. -Logan subió al pórtico, sacudió la cabeza al pensar cómo era posible que un delgado adolescente como éste estuviera interesado en encerrarse en un rancho durante tres meses. Su primo no le había dicho mucho: sólo que era un joven desesperado y necesitaba un empleo, así que por eso aceptó. -Espero que sepas cocinar porque de lo contrario te meterás en serios problemas con un montón de hombres hambrientos. -Logan dijo con tono de burla, tratando de hacer que el chico se relajara.
Un pequeño grito de terror se escapó de los labios de Kaden antes que éste pudiera contenerlo y Logan se detuvo inmediatamente, girándose para mirarlo.
-Era una broma, chico. -Dijo para relajarlo. Vio el temor que reflejaba el rostro del joven-. ¿Sabes cocinar?
Kaden asintió y se relajó ligeramente.
-Sí, comencé a cocinar a los doce.
Logan asintió antes de entrar a la casa y Kaden lo siguió titubeante.
-Ésta es la cocina. Todos los artículos están la despensa. Bien, hay unos veinte hombres en el rancho y tendrás que cocinar lo suficiente para alimentarlos. ¿Lo comprendes?
-Sí. -Al mencionar la cantidad de hombres que había, Kaden nuevamente se regañó a sí mismo por ser tan estúpido y llegar a un lugar como éste sin conocer a nadie. Aunque tampoco era que conociera a nadie en Nueva York aparte de Terry.
-Bien, cuando necesites reabastecer, simplemente haz una lista y enviaré a Charlie por las cosas. Hay poco que hacer durante las noches, así que espero que no te moleste la tranquilidad del lugar. Te mostraré dónde vas a dormir. -Logan le indicó a Kaden que debía seguirlo y lo guió por un corredor de la primera planta hasta que llegaron a un dormitorio en la parte trasera.
Los ojos de Kaden se abrieron en señal de sorpresa. Supuso que el dormitorio era del mismo tamaño que todo su apartamento y el cuarto de baño era por lo menos tres veces más grande que el anterior, que parecía una cabina telefónica.
-Cielos -dijo sorprendido y no advirtió la ligera sonrisa en los labios de Logan.
-Tendrás que preparar desayuno, almuerzo y cena. El desayuno es a las 5 de la mañana. Necesitas empacar almuerzos para los hombres, que comerán afuera, exceptuando mañana. Comenzaremos a marcar y castrar las reses que han traído. La cena por lo general es a las seis. Asegúrate de tener todo para esa hora. El almuerzo del día de hoy ya se ha servido, así que te tocará hacer la cena. Te sugiero que comiences en cuanto desempaques tus cosas ya que son más de las dos. -Logan observó cómo el chico caminaba alrededor de su dormitorio mirando todas las cosas. Se sintió conmovido y a la vez triste: parecía haber transcurrido mucho tiempo desde que el chico hubiera estado en un lugar agradable. Ese hecho hizo que el corazón se le rompiera con simpatía y lástima. -Tengo que regresar, pero volveré a las seis.
-Muy bien. -Kaden respondió viendo partir al enorme hombre. Rápidamente guardó la poca ropa que tenía, acomodó en el armario su bolsa con la cafetera y puso su libro de canciones en la cama; luego se dirigió a la puerta en dirección a la cocina.
La despensa tenía más comida de la que hubiera visto en toda su vida, exceptuando los supermercados, y caminó por el lugar observándolo todo. Después de decidir qué sería lo más fácil de cocinar en grandes cantidades, Kaden se dejó llevar por el amor que sentía por cocinar. Para las cinco y media, ya tenía platos humeantes de pollo frito y tres canastas de pan, tres enormes platos de puré de patatas y un enorme plato de salsa de carne en una encimera al lado de la mesa del comedor. También tenía un enorme pastel de manzana para el postre, que estaba calentándose en el horno. Se tensó al escuchar el sonido de las voces de los hombres que se aproximaban a la casa y luego regresó a la cocina, tratando de permanecer oculto.
Logan se preguntó cómo le estaría yendo al chico, pero no tuvo nada de qué preocuparse. En el momento en el que regresaron a la casa, se le hizo agua la boca al oler las delicias que les esperaban. Sus ojos se abrieron de la sorpresa al ver los humeantes platos de comida y los hombres dejaron de hablar al entrar a la casa, todos se quedaron boquiabiertos.
-Cieeeeeeeeeelos, miren eso.
Kaden sonrió al escuchar las palabras de uno de los hombres, pero permaneció al otro lado de la puerta oyendo cómo las sillas eran corridas sobre el piso de madera y cómo los cubiertos chocaban contra los platos. Una vez los hombres se acomodaron para comer, encendió el fregadero y dejó que se llenara para poner las sartenes y ollas en él.
Logan entró en la cocina y vio a Kaden trabajando.
-Felicidades, chico. -Le mostró una enorme sonrisa que desapareció ligeramente al ver el temor reflejado en las facciones del chico-. Yo… eh… creo que lo has hecho muy bien. ¿Por qué no te sientas a comer con nosotros?
El chico sacudió la cabeza efusivamente y comenzó a caminar por el corredor que lo guiaba a su dormitorio.
-Hay pastel de manzana en el horno, se está calentando. Eh… no tengo mucha hambre ahora, comeré luego. -El adolescente desapareció súbitamente y Logan suspiró lleno de frustración.
Preparó un platillo para su confuso cocinero, lo envolvió con una servilleta, luego lo guardó en el horno microondas y tomó su comida. Los hombres prácticamente estaban lamiendo sus platos para cuando acabó la cena. Sacó el pastel de manzana y cortó dos porciones, una para él y otra para el muchacho; luego llevó el resto a la mesa del comedor.
-Jefe, no sé en dónde encontraste a esta persona, pero hace la mejor comida que he probado desde que me fui de la casa de mi madre -dijo uno de los vaqueros mientras lamía su tenedor con entusiasmo.
Logan rió y asintió. Le sorprendía que alguien tan joven supiera cocinar tan bien. Se moría de ganas de formular preguntas del pasado de Kaden, Terry dijo no saber mucho cuando le pidió contratarlo. Los hombres trajeron sus platos de la cocina y los acomodaron en pilas para que los lavaran. Logan esperó hasta que el último hombre se marchara antes de ir a tocar a la puerta del muchacho. Escuchó sonidos al otro lado de la puerta antes que ésta se abriera. Kaden parpadeó al verlo. Se reflejaba cautela en esos bellos ojos violetas. No sabía por qué le molestaba tanto que el chico pareciera temerle, pero lo hacía.
-Ya se marcharon. Te guardé un platillo pues sabía que no quedaría nada cuando acabaran.
-Gra-gracias, -Kaden tartamudeó, sorprendido de que el hombre tuviera una atención con él-. Primero lavaré los platos.
-No, come primero. -Insistió Logan regresando a la cocina. Había guardado su porción de pastel para comer con el adolescente y tener una excusa para hablarle. Escuchó a Kaden seguirlo por el pasillo. -Tu plato está en el microondas.
Kaden sacó su plato y se sentó a la mesa. Casi gimió de la angustia cuando Logan se sentó frente a él. Retiró la servilleta de papel que cubría su comida, la hizo a un lado, tomó una pieza de pollo y comenzó a comerla con delicadeza. Trató de ignorar al hombre mayor pero no tuvo mucho éxito.
Logan vio la forma en la que el joven comía: esa pequeña lengua rosa salía para atrapar los pequeños pedazos de pollo que se adherían a sus labios. Lo hizo sentir muy excitado, cuestión que lo confundió mucho. Jamás se había sentido atraído hacia un hombre y siempre era capaz de obtener a la mujer que deseaba. De hecho el viernes por la noche, tenía una cita con la sexy Helen Chambers, la chica del salón de belleza. A pesar de que jamás se había casado –la idea del matrimonio dejó de pasarle por la cabeza cuando tenía cinco años y veía a sus padres discutir una y otra vez.
-Dime Kaden, ¿por qué decidiste venir a trabajar hasta aquí? -Preguntó Logan con curiosidad mientras recostaba su barbilla sobre una de sus manos.
Tensándose, Kaden quería decirle al hombre que ése no era asunto suyo.
-Necesitaba un trabajo y era el único disponible.
-Estoy seguro que hubieras podido conseguir algo en la ciudad. Aquí no hay muchas fiestas. -Logan comentó sin notar que Kaden había comenzado a agitarse.
-No he venido aquí por las fiestas, -dijo Kaden. Se puso de pie y comenzó a lavar los platos.
-No quería molestarte. -Logan se disculpó titubeantemente, notó los hombros y la postura tensa del adolescente.
-No me gustan las fiestas, señor Michaels. He venido aquí por el empleo. -Los platos chocaron unos contra otros cuando Kaden los arregló y acomodó de acuerdo a su tamaño para lavarlos. Su expresión era seria y trató de contener el enojo que sentía por el vaquero que creía que le gustaban las fiestas.
-Llámame Logan. Odio que me llamen señor Michaels. Me recuerda mucho a mi padre. -Logan hizo un gesto de dolor al pensar en ello, se puso de pie, acercándose a Kaden y colocó su plato en el lavabo.
Kaden sintió al hombre acercarse y respingó, tiró el vaso que tenía en su mano y miró horrorizado como se rompía al chocar contra el lavabo.
-Lo lamento, lo lamento -gimió inmediatamente, cubriéndose el rostro con las manos.
Logan miró horrorizado la reacción del adolescente, pero en vez de comentarlo, decidió ignorar la situación y comenzó a levantar los pedazos.
-Está bien. Son de los baratos.
Kaden se sorprendió al ver que su jefe no parecía estar molesto.
-Pero… lo he roto. -Dijo confundido, dejando caer sus manos mientras miraba a Logan recoger los pedazos.
-Eh… he roto uno casi a diario desde que puedo recordarlo. -Logan bromeó, tirando los pedazos en el cesto de basura y dejó que el agua desapareciera y se llevara consigo los fragmentos que quedaban-. Tú los lavas y yo los seco, ¿sí?
Kaden asintió y continuó lavando los platos. Analizó los hechos que habían ocurrido en el día de hoy y logró relajarse ligeramente al trabajar al lado de Logan. Estaba tan seguro de que el hombre lo golpearía por romper el plato… pero cuando se mostró tan tranquilo y relajado con el tema, su asombro se hizo mayor. A Kaden se le hizo un nudo en el estómago y terminó de lavar los platos, se despidió y salió huyendo de la cocina.