CAPÍTULO 1
GEOFF LAUGHTON se despertó en una cama que no conocía. La luz entraba por la ventana, y había un gran cuerpo caliente y sudoroso junto al suyo. La cabeza le martilleaba y le dolía el culo.
-Ha sido una noche increíble -dijo para sí mismo mientras obligaba a sus piernas a moverse. Se sentó en el borde de la cama, apoyando la cabeza entre las manos, mientras intentaba pensar dónde estaba. Ah, ya. Había salido a bailar anoche con Lonnie y Juan.
Se volvió hacia el hombre tumbado en la cama.
-Dios…
Se acordaba de anoche; bueno, al menos de una parte. Chupitos de tequila seguidos de un baile con un armario de dos puertas.
-El armario debe ser éste tío. -Como pasaba casi siempre, recordó el resto de la noche de un golpe: bailar, subirse encima de su compañero de baile. Joder, incluso le había metido mano sin pensárselo.
Su cabeza palpitó de nuevo, obligándole a levantarse para ir a trompicones hacia el cuarto de baño. Ni se molestó en encender la luz, ya que no la iba a encontrar, y consiguió llegar hasta el lavabo. Abrió el grifo y puso las manos bajo el chorro de agua fría, echándosela en la cara y gruñendo de alivio al sentirla en la piel.
-Al menos estoy vivo -. Cerró el agua y usó el baño. Después volvió a la habitación un poco más enderezado para encontrar a su compañero despierto y gruñendo.
-¿Qué día es hoy? -preguntó mientras se agarraba la cabeza y gemía suavemente-. ¡Joder!, odio el tequila. -Le miró con ojos casi tan rojos como los que Geoff había visto al mirarse al espejo.
-Sábado, gracias a Dios. -Geoff miró a su alrededor buscando su ropa, encontrando los pantalones junto a la cama y poniéndoselos rápidamente.
-Bien, para ti. Yo tengo que trabajar. -El enorme hombre miró su reloj-. ¡Joder¡ Tengo que estar allí dentro de media hora. -Se levantó y se fue al baño, cerrando la puerta con mucho cuidado.
Geoff rebuscó por la habitación hasta que finalmente encontró el resto de su ropa. Después de vestirse, decidió que no quería moverse demasiado rápido. Arrastró los pies hacia donde más o menos debía estar la cocina.
-Dios existe -murmuró. La cafetera estaba enchufada y lista. Geoff la puso en marcha y el olor a café recién hecho enseguida llenó la cocina.
Geoff escuchó la ducha durante unos minutos. Buscó en los armarios hasta encontrar dos tazas. Parecían más limpias que el resto del apartamento, así que esperó hasta que el café terminó de hacerse antes de llenarlas y llevarlas de vuelta al dormitorio.
La puerta estaba medio abierta y… “estooooo, Gary”… si, ese era su nombre, Gary se estaba vistiendo. Terminando de abrir la puerta Geoff le acercó la taza de café humeante.
-Gracias, tío, lo necesitaba. -Gary dió un sorbo al café y puso la taza sobre la mesa-. Tengo que irme en un par de minutos.
Geoff asintió, bebió su café (¡qué bueno estaba, maldita sea!) y volvió al salón, dejando que Gary terminara de arreglarse. Para cuando Gary salió de la habitación, Geoff había terminado el café y se sentía nuevamente humano.
-Gracias, Gary. Nos vemos.
-Sí, tío; gracias.
Gary estaba todavía terminando su café cuando Geoff dejó el apartamento. Bajó por las escaleras del portal del edificio de los setenta. Una vez fuera, el aire le despejó la cabeza y se dirigió al parking para buscar su coche. Lo encontró enseguida.
Metió la mano en su bolsillo buscando las llaves y se metió dentro. Arrancó y condujo en dirección a casa; bueno, lo que estos días le hacía las veces de casa.
Su viejo coche consiguió llevarle, y aparcó en su plaza, dirigiéndose inmediatamente hacia el edificio. Era más moderno que el que acababa de dejar: de los ochenta en vez de los setenta. Entró y subió las escaleras hacia su apartamento.
Dentro no había gran cosa: un sofá, una silla, y un televisor sobre una mesa. Geoff dejó tiradas las llaves en el recibidor y miró el baño con anhelo. Tenía que quitarse el olor a alcohol, sudor y semen del cuerpo. Geoff se fue derecho a su habitación, que estaba decorada igual de austera que el resto del apartamento: una simple cama y un armario. Se desnudó y fue al baño, pero cometió el error de encender la luz y mirarse en el espejo.
-¡Joder! -Tenía ojeras y estaba pálido como la pared-. El espejo nunca miente, ¿verdad?
Geoff se limpió los dientes y se afeitó antes de abrir el grifo y meterse bajo la ducha. Le sentó bien; le aseó y refrescó. Comenzó a frotarse y casi pudo sentir cómo lo quedaba de la noche anterior se iba por el desagüe.
El teléfono sonó cuando salía de la ducha. Se ató la toalla en la cintura y corrió a contestar.
-¿Geoff? Soy Raine. ¿Qué tal la resaca?
Geoff sabía que Raine hablaba alto a propósito.
-¡Gilipollas! -Se oyó una risa al otro lado del teléfono-. Pues mira, no está mal… no tan mal como podría haber sido, de todos modos. ¿Cómo va la tuya?
Hubo más risas al otro lado del teléfono.
-Yo nunca tengo resaca, ¿recuerdas? -Era una de las crueldades de la vida. Raine podía beber como una esponja y jamás tenía resaca al día siguiente-. ¿Te apetece que nos tomemos un café?
-Vale. Dame quince minutos. Nos vemos en la cafetería de la esquina. -Geoff terminó de secarse y se vistió; se puso una camiseta de manga larga, porque todavía hacía fresco aunque ya había llegado la primavera, y salió del apartamento, caminando contento hacia la cafetería de la esquina.
El sitio estaba lleno, pero enseguida vió la cabeza de Raine en una de las mesas, su negro pelo rizado, y fue hacia él.
-Todavía no he pedido nada. Si me levanto me quitan la mesa -dijo Raine.
-No hay problema, te traigo lo que quieras. ¿Con leche y largo de café?
Raine asintió y sonrió, así que Geoff se puso en la fila. Tardó poco. Al final volvió a la mesa con los cafés y dos enormes bollos. Azúcar. Necesitaba azúcar.
-Gracias, Geoff. -Raine tomó la taza que le ofrecía, y Geoff se sentó-. ¡Dios tío!, estás hecho una mierda. -Raine bebía su café a sorbos
-¿No me digas? ¡Jo! gracias.
-Bueno, es verdad… -Raine se rió. El hombre siempre iba directo al grano, aunque la verdad fuera brutal. Por lo menos siempre sabías a qué atenerte con él, porque nunca se callaba nada-. Te llevas machacando demasiado tiempo.
-Ya lo sé -porque era verdad. Había llegado hacía seis meses, recién salido de la universidad, con una licenciatura de economía bajo el brazo. Había vivido a tope, más o menos con la intención de saber con cuántos hombres era capaz de tirarse en el menor tiempo posible, y ahora le estaba pasando factura.
Raine seguía bebiendo su café a sorbos.
-Tienes que tomártelo con calma, relajarte un poquito. No te puedes llegar a la felicidad follando todo lo que pillas por el camino. -Ahí estaba, uno de los comentarios graciosos de Raine. El tío tenía uno para cada ocasión.
-No, pero me lo puedo pasar genial intentándolo -dijeron los dos a la vez. Se rieron un rato, haciendo desvanecer el mal humor de Geoff. Raine era bueno para su alma. No importaba cuántas cosas malas pudiera hacer, siempre podía contar con Raine y su humor bonachón y libre para sacarle de la depresión.
-En serio, Geoff, te estás pasando con el bufet libre de hombres.
-Lo sé.
Se terminaron el café y los bollos en silencio.
-Pillémos una película y divirtámonos. Creo que me hace falta -comentó Raine.
Geoff comprobó su agenda imaginaria.
-La verdad es que tengo el día tan liado con la limpieza del apartamento y la colada, que no sé si podré hacerte hueco.
-El sarcasmo es impropio de ti. -Se rieron y limpiaron la mesa antes de marcharse de la cafetería.
Geoff y Raine pasaron el resto de la tarde juntos, yendo de compras y viendo una película. Como estaban casi en la ruina, miraron más que compraron y volvieron al apartamento de Raine para pasar el resto de la tarde viendo películas hasta que Geoff se fue a casa, para meterse en la cama.
GEOFF tenía que estar en la oficina el lunes a las ocho de la mañana, y llegaba tarde. Al contrario que durante las últimas semanas, esta noche había dormido bien y no se había pasado la noche del domingo cazando hombres. Llegó justo a tiempo, y en silencio encendió su ordenador y comenzó a trabajar. Trabajaba como contable para una cadena de comercios pequeños, un trabajo que había conseguido nada más salir de la universidad. Le gustaba, y la gente con quien trabajaba era agradable, aunque la mayoría fueran bastante más mayores que él, y le resultara difícil hacer amigos. La única excepción era Raine. Se habían conocido el primer día de trabajo, y enseguida habían conectado. Por desgracia, era el único amigo verdadero que Geoff había hecho. Claro que tenía amiguetes; gente con la que salía de vez en cuando, pero Raine era el único amigo de verdad, lo que hacía que su vida fuera un tanto solitaria.
Estaba ocupado revisando el libro de gastos, intentando encontrar algún error, cuando oyó una tos suave a sus espaldas.
-Geoff, Kenny quiere verte en su despacho.
Kenny era el responsable de contabilidad, y cuando él llamaba, ibas derecho. Era un buen tío pero exigía una puntualidad absoluta de todo el mundo, y tardar en ir a su despacho cuando te llamaba era visto como una falta de respeto.
Una hora más tarde Geoff volvía a su puesto con más misterios por resolver. Le encantaba esto, de verdad. Los números le chiflaban, y tenía talento para indagar y encontrar errores y descuadres sin importar lo nímios que fueran. En poco tiempo había conseguido la reputación de localizar los errores pequeños antes de que se hicieran grandes.
Una cosa que no le gustaba de su trabajo era que tendía a estar muy aislado. Pasaba la mayor parte del día trabajando con números y pocas veces con gente. Y realmente le gustaría poder compaginar ambos.
A medio día, Raine vino a su cubículo y los dos se fueron a tomar un almuerzo rápido antes de ir al gimnasio para eliminar un poco los excesos del fin de semana. Una vez cambiados, cada uno se colocó en una cinta de correr y comenzaron a andar. La sala estaba vacía salvo ellos dos, lo que era de lo más normal.
-Estoy pensando en buscar un nuevo trabajo -comentó Raine.
-¿Cómo? -A Geoff sólo pensar algo así, le daba escalofríos; ¿Qué sería de él si no pudiera ver a Raine todos los días?
-Aquí nunca llegaré a nada. No le caigo bien a Kenny así que no voy a conseguir nada. -Raine llevaba tres años más en la empresa que Geoff, pero parecía que Geoff conseguía siempre los mejores trabajos y más reconocimiento. Geoff no sabía que decir, así que seguía andando, incrementando la velocidad de la máquina. Raine debió de ver su cara de preocupación-. No te preocupes, siempre seremos amigos.
-Lo sé… es que este sitio será muy aburrido sin ti.
-Kenny nunca lo reconocería, pero sí, será muy aburrido. -La modestia no era una de las cualidades de Raine-. ¿Sales esta noche?
-No. He decidido que voy a dejarlo una temporada y voy a buscar otras cosas que hacer. -Había estado bebiendo tanto últimamente, que su hígado y bolsillo necesitaban un descanso-. Quizá mañana. -Uno no podía encerrarse durante mucho tiempo tampoco.
Raine empezó a reírse.
-Por un segundo me tenías preocupado. -Ambos se rieron a gusto y terminaron su entrenamiento.
La sala pequeña donde se encontraban las taquillas estaba vacía cuando llegaron. Geoff se quitó la ropa sudada y se dirigió hacia las duchas. Acababa de abrir el agua cuando sintió una palmada fuerte en el culo.
-¡Dios! -El culo le picaba donde la toalla de Raine le había golpeado. Geoff retorció su propia toalla y le devolvió el golpe, pero Raine se zafó sin dificultad. Ambos se rieron mientras Geoff se metía en la ducha y se frotaba los glúteos doloridos.
Salió de la ducha, se secó y comenzó a vestirse. Raine le esperaba, y juntos volvieron andando al trabajo.
Geoff volvió rápidamente a trabajar, revisando visualmente la página donde sabía que estaba el error… en algún lado. Podía oír el zumbido de voces en la sala, suaves y amigables, pero no les prestaba atención.
Los rumores volaban como las balas en la empresa, pero él se esforzaba por no escucharlos.
Acababa de encontrar el error y entraba en el sistema para corregirlo cuando oyó que llamaban suavemente en la pared de su cubículo. Era Ángela, la Directora Contable de Pagos.
-Geoff, quiero presentarte a Garrett Foster, el nuevo Gerente de Pagos. -Geoff se levantó para saludar a su nuevo jefe, dándole la mano y mirándole a los ojos. ¡Hostia! Casi retiró la mano al instante, pero se detuvo, asegurándose de mantener una expresión neutra.
-Encantado, Garrett.
El rubio le dedicó una brillante sonrisa.
-Estoy deseando trabajar contigo, Geoff. -Estrechando la mano de Geoff, manteniendo el contacto un poco más de lo necesario. Geoff consiguió evitar un escalofrío. Entonces, con una de sus más brillantes y falsas sonrisas, Ángela se llevó a Garrett para que conociera al resto del equipo.
Geoff se dejó caer contra el respaldo de su silla, y unos minutos más tarde Raine estaba en su mesa.
-¿No era ese…?
-Don Vanidoso en persona. Sí -asintió Geoff despacio.
-Tu jefe es Don Vanidoso. -Raine empezó a reír tapándose la boca para no carcajearse en alto.
-Dios, sabía que esto me pasaría factura algún día. -Geoff escondió la cabeza entre las manos.
-Pero, ¿quién se iba imaginar que sería tan pronto? -Raine se inclinó un poco dedicándole una sonrisa comprensiva-. Lo siento, tío. -Y se marchó.
Geoff trató de concentrarse otra vez, pero le era imposible. Su nuevo jefe, Garrett Foster, era un tío con quien se había ido a casa un mes antes. Habían pasado un rato relativamente agradable, pero Garrett (que en aquel momento se llamaba Phillip) se había comportado como un amante bastante egoísta. ¡Su habitación estaba llena de espejos! Raine y él le habían apodado Don Vanidoso porque la canción Mr. Vain hablaba de él claramente. Geoff no estaba interesado en volver a verle, pero ahora que Garrett fuera su nuevo jefe era una complicación añadida e indeseada.
A la hora de salir, Raine volvía a estar junto a su mesa, y Geoff recogió sus cosas para marcharse lo antes posible.
-¿Quieres que vayamos a cenar?
-Me voy a casa. -Geoff realmente no tenía ganas de salir a ningún sitio. Sentía que tenía lo que se merecía.
-Venga, pedimos que nos traigan unas pizzas y vegetamos. -Raine sabía lo que Geoff necesitaba, aunque Geoff no.
-Vale. -Salieron del edificio y volvieron a casa de Geoff, donde pidieron pizza. Acababan de terminar de comer cuando sonó el teléfono.
-¿Geoff? Soy Len. -El hombre sonaba preocupado y Geoff se puso tenso-. Se trata de tu padre.
Su padre llevaba tiempo luchando contra el cáncer, pero la última vez que habían hablado su padre decía que se encontraba muy bien.
-¿Quieres que vaya a casa? -Preguntó Geoff.
-Sí -la voz de Len se rompió-. Geoff. Tu padre ha muerto-Oyó las lágrimas caer desde el otro lado de la línea, y sintió cómo sus propios ojos se llenaban al tiempo que se le hacía un enorme nudo en la garganta.
-Llegaré lo antes posible. -Geoff colgó y se volvió hacia Raine, su labio tembló mientras intentaba mantener el control-. Es mi padre. Ha muerto esta tarde. -Raine le abrazó contra su pecho con fuerza, dejando que Geoff llorara en su hombro.
Una vez cesaron las lágrimas, Raine se puso en acción.
-Necesitas volver a casa. ¿En coche o en avión?
-Creo que mejor en coche. Llegaré igual de rápido. -Geoff se secó los ojos con la manga de la camisa.
-Entonces tienes que hacer la maleta. Y no te preocupes por el trabajo. Hablaré con Kenny por la mañana y le diré lo que ha pasado. Ya le llamarás cuando puedas. -Para cuando Raine se hubo marchado, Geoff tenía la maleta hecha y en el coche. Todo lo que le quedaba por hacer era llamar a Len y salir a la carretera a primera hora de la mañana.